domingo, 21 de octubre de 2007

La Relación Hombre - Maquina

El día de ayer me levante mas temprano que de costumbre, a pesar de la jornada laboral del dia anterior no estaba cansado, sentia la necesidad imperante de hacer algo urgente pero no sabia que podría ser, luego de tomar una ducha, recibo una llamada de un socio para ir a buscar una mercancía al estado siguiente a mi locación, como si se tratar de una llamada muy esperada digo "voy en seguida" apenas termino de desayunar cuando tomo las llaves de mi auto y me dispongo a salir con entusiasmo a hacer ese viaje, aun todos dormían, ni siquiera me molesté en despertar a alguien para decirle a donde me dirigía, solo sentí que debía salir y cumplir mi cometido sin demora alguna, bajé al estacionamiento y me monté en mi vehículo, al pasar el suiche, siento un chispa dentro de mi que me dice que no voy a un viaje común, voy a un viaje como pocos.

Luego de acelerar un par de veces aun detenido mi vehículo, salgo y tomo la autopista con sentido a la inter estatal, la ausencia de trafico me motiva a correr un poco mas de lo normal hoy día, cosa que no podía hacer muy a menudo dado lo congestionada que es esta maldita ciudad, en pocos minutos me encuentro en camino al peaje, sin saber porque, empiezo a sentir que todas las cosas se mueven a un ritmo muy lento al que yo traigo, mi corazón palpitaba mas de lo normal y el deseo de tomar para mi solo la autopista se incrementaba más y más, no sabría explicarlo, pero en ese momento me pareció que mi automóvil me retaba a conducirlo sin riendas, me imploraba que desatara mi ansiedad por la velocidad y mi deseo hasta ese momento reprimido por conducir al limite. 140 k/h ya me sentía ligero como una pluma, y todavía vacilando un poco no me atrevía a pasarlo de esa velocidad la cual era algo elevada para la vía en la cual transitaba, no puse ningún tipo de música, algo bastante raro, solo me agradaba escuchar el ruido del motor pidiéndome una y otra vez los cambios de velocidad, en pocos minutos llegué al peaje, donde pocos camiones habían estacionados y con mucho espacio para arrancar, luego de apagar el aire acondicionado y bajar mi ventanilla, me dispuse a salir con rapidez, con malicia hago rechinar los cauchos al arrancar, algo que sólo hago cuando estoy molesto, o irritado, pero en esta ocasión no me sentía así, era solo que debía hacerlo y punto.
En pocos metros me monto en 130 k/h pasarían como 20 segundos para que consiguiera esa velocidad, algo que jamas había intentado con mi auto, y sinceramente hasta el día de hoy estaba arrepentido de no haberlo hecho antes. Pronto veo como la aguja de las velocidades llega a los 170 k/h y es un momento mágico, sientes como todo tu ser empieza a convertirse en uno con el vehículo, es como si todos tus músculos se transformaran en caballos de fuerza extras para complementar ese poderío de maquina que sabes es completamente indetenible, la velocidad actuando como un catalizador, hace que la adrenalina sea como combustible, ya no tienes pulmones, tu corazón ya no bombea sangre, tienes un conjunto de pistones que te transportan hacia una experiencia religiosa, es el momento en que te sientes parte de la relación hombre - maquina, no sentía mi corazón, mi único impulso vital estaba alimentado por el ruido del motor, el cual era todo lo que tenia en ese momento, ademas de de cuatro ruedas que me separaban del piso que prácticamente no sentía a esa velocidad.
188 k/h la carretera no estaba en muy buen estado y habían muchas curvas en el camino, de todas maneras no titubeé al intentar acelerar el auto aun mas y pasar los demás vehículos como si fueran obstáculos inertes dejados en la carretera, sin ningún tipo de consciencia, quise probar el placer de estar cerca de la muerte, de estar propenso a cualquier falla mecánica, en ese momento no había cabida en mi mente para que algo saliera mal, sólo en mi mundo estaba mi auto y yo, aunque mis manos sudaban, a causa de la gran sensación que estaba experimentando, no sentía miedo, solo el sabor a gloria de lo desconocido, de lo que significa jugar con mi vida, de que cualquier descuido significaría la muerte, en las curvas solo me permitía desacelerar entre 20 y 25 k/h sentía que mi aliento se extinguía, pero lo recobraba lentamente cuando que las revoluciones (rpm) subían hasta casi las 5000 cada vez que colocaba la máxima velocidad para recuperar la aceleración perdida.
Después de un trayecto muy angosto al fin encontré una recta lo suficientemente prolongada para intentar exprimir al máximo y percatarme de lo que era capaz de acelerar el automóvil, presiono el pedal hasta el fondo, como si un hueco en el piso quisiera dejar, 205 k/h marcaba el velocímetro, a este punto, no escuché mas el ruido del motor, los latidos de mi corazón eran mas fuertes, mientras sentía que el tiempo estaba detenido por unos minutos, aunque me parecía que los neumáticos estallarían en cualquier momento, no cruzó por mi mente la idea de dejar de presionar el acelerador, me encontraba en otra dimensión, no pensaba, no coordinaba, solo sentía el placer de la velocidad sin responsabilidad, la entrega a la bestia mecánica, sensación que aunque duró pocos segundos, para mi fue suficiente placer antes de aguantarme porque ya venia la alcabala de llegada al próximo estado.
Al llegar a mi destino en poco menos de 1 hora, (un trayecto que regularmente tarda 2 horas) recibí la mercancía, firmé los papeles, y llamé a mi amigo para agradecerle el envío, puse los paquetes en el baúl del carro, y con una sonrisa a ver el reloj me dispuse a hacer el viaje de regreso, no tenia fuerzas para jugar con mi suerte en esta ocasión, solo medité sobre lo que soy, quizás un inconsciente, un demente al volante, pero tenia que deshacerme de ese espíritu que me demandaba entregarle mi ser a la maquina, algo que muy pocos sentimos, y cuando lo hacemos debemos estar dispuestos a morir para poder disfrutarlo al limite, estuve casi dos horas meditando sobre eso, no se si volveré a sentir lo mismo, sólo puedo decir que mientras conducía al limite, no existían problemas, ni algo mas grande que mi propio ego, verdaderamente me sentí vivo, definitivamente me sentí hombre.